Entrevista a Natalio Extermera

Nuestras Jornadas han sido creadas para aunar los conocimientos científicos, actualizados, en materia de educación sexual y, como no podría ser de otra manera, de educación emocional. Si el año pasado, tuvimos el placer de tener con nosotros al magnífico Rafael Bisquerra, en estas Jornadas contaremos, ni más ni menos, con uno de los investigadores españoles más relevantes en la temática de la Inteligencia Emocional y el bienestar personal y social, don Natalio Extremera.

Nacido en Málaga, es Doctor en Psicología y profesor titular de Psicología Social de la Universidad de Málaga. Es experto universitario en temas de estrés y estrategias psicológicas de afrontamiento. Imparte docencia desde hace años sobre asignaturas relacionadas con el mundo organizacional y colabora en varios doctorados y posgrados en diferentes universidades españolas impartiendo docencia sobre el tema de la inteligencia emocional, formas de evaluación y programas de desarrollo en la adolescencia y en ámbitos organizaciones. Actualmente es investigador principal de un proyecto I+D para desarrollar un programa de intervención en Inteligencia Emocional y Psicología Positiva como herramienta para reducir el burnout y fomentar bienestar en el profesorado. Es miembro de la de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS). Sus líneas prioritarias de investigación, están centradas en los mecanismos implicados en el fomento del bienestar personal y el papel de los recursos emocionales para reducir los niveles de estrés y bienestar personal y laboral. Los resultados de sus investigaciones se han recogido en revistas de carácter nacionales e internacional como: Revista de Educación, Revista de Orientación Psicopedagógica, Revista de Psicodidáctica, Revista de Profesorado, Revista de Psicología Social, etc…Entre sus libros sobre inteligencia emocional destacan:

  • Autocontrol emocional (2002);
  • Programa de Inteligencia Emocional para adolescentes INTEMO (2013)
  • Inteligencia Emocional y Educación (2015).

Os dejamos con la entrevista que le hemos hecho con motivo de las Jornadas.

Buenos días, para comenzar con la entrevista, vamos a contextualizar un poco, por lo que la primera pregunta obligada es:

¿Qué entendemos por educación emocional y qué relación tiene con la inteligencia emocional?

La educación emocional es el proceso educativo centrado en el desarrollo amplio de competencias emocionales y afectivas (i.e. empatía, asertividad, resolución de conflictos interpersonales) a través de estrategias, dinámicas y actividades que enseñan al alumno a desarrollar de forma más eficaz en el ámbito emocional. La inteligencia emocional sería una de esas habilidades claves que la educación emocional debería priorizar en su enseñanza y que, en muchos casos, sería la base para conductas socialmente adaptadas.

Tan pronto los niños entran a la guardería se pueden empezar a trabajar aspectos emocionales más básicos, como la percepción y la identificación de las emociones, que luego serán claves para otras habilidades socio-emocionales más complejas que surgirán posteriormente, tales como la empatía.

¿A qué edad deberíamos empezar a trabajar con las emociones de nuestro hijos/as y/o nuestro alumnado?

Somos partidario de trabajar las emociones desde el inicio del desarrollo afectivo-emocional de los niños. Es cierto que la mayoría de programas se centran en la infancia y la adolescencia, pero los niños, con apenas 2 años, ya tienen un mundo emocional, rudimentario, pero en pleno desarrollo y evolución. Tan pronto los niños entran a la guardería se pueden empezar a trabajar aspectos emocionales más básicos, como la percepción y la identificación de las emociones, que luego serán claves para otras habilidades socio-emocionales más complejas que surgirán posteriormente, tales como la empatía (p.e. saber que si a un compañero no le dejan ir al recreo se sentirá posteriormente triste o enfadado) o la regulación emocional mediante estrategias cognitivas (p.e. demora de recompensas).

En España, existen ya algunas evidencias que muestran que los adolescentes que reciben formación en IE no sólo muestran menores niveles de ansiedad, depresión y mejor salud mental, consumen menos drogas legales e ilegales sino también que los adolescentes y adultos jóvenes (universitarios) que presentan mayores niveles de IE tienden a comportarse de forma menos violento y agresivo con sus compañeros.

La educación emocional en la adolescencia ¿qué investigaciones se están llevando a cabo para comprobar que, con esta educación, podemos mejorar las relaciones interpersonales de nuestros adolescentes?

 

En España, existen ya algunas evidencias que muestran que los adolescentes que reciben formación en IE no sólo muestran menores niveles de ansiedad, depresión y mejor salud mental, consumen menos drogas legales e ilegales sino también que los adolescentes y adultos jóvenes (universitarios) que presentan mayores niveles de IE tienden a comportarse de forma menos violento y agresivo con sus compañeros. Además, en algunas investigaciones en centros educativos en EEUU en primaria los que informan que efectivamente son menos violentos esos niños con alta inteligencia emocional son los tutores y los compañeros de clase, lo cual constata el impacto social significativo que tiene poseer esas habilidades emocionales en las personas que nos rodean.

A través de investigaciones continuadas en el tiempo mediante programas de intervención en habilidades socio-emocionales (p.e. RULER or CASEL), se encuentran que los niños con más IE son menos agresivos y propensos a hacer bullying a otros niños, tienen mayor capacidad de liderazgo para trabajar en equipo, mantienen mejores relaciones interpersonales con sus profesores y demuestran mayor frecuencia de conductas prosociales y de ayuda a sus compañeros.

 

¿Es la psicología positiva una fuente de conocimiento científico aceptable? ¿Qué opinión tiene al respecto?

 

La psicología positiva y la inteligencia emocional han surgido en las últimas décadas como acercamientos novedosos en el campo de la psicología. Como todo nuevo enfoque psicológico, al principio genera cierto escepticismo entre la comunidad científica, la única forma que tenemos los investigadores para convencer a los escépticos del valor de estos nuevos abordajes teóricos y de investigación es la evidencia empírica rigurosa. Tanto en el campo de la IE, como la psicología positiva, es lo que actualmente estamos realizando desde los laboratorios diferentes grupos de investigación en España. Quizás el problema es que, junto a los investigadores y sus publicaciones con hallazgos validados, ha surgido también un gran negocio en la literatura pseudo-científica, más interesada en vender libros que en mostrar el rigor de sus afirmaciones, que ha llevado a desvirtuar estos acercamientos al dar por válido, de igual forma, lo que dicen esos libros que lo que demuestran los artículos publicados en revista internacional de psicología y educación.

La psicología positiva y la inteligencia emocional han surgido en las últimas décadas como acercamientos novedosos en el campo de la psicología. Como todo nuevo enfoque psicológico, al principio genera cierto escepticismo entre la comunidad científica, la única forma que tenemos los investigadores para convencer a los escépticos del valor de estos nuevos abordajes teóricos y de investigación es la evidencia empírica rigurosa.

¿Cómo podemos mejorar nuestro bienestar personal y social desarrollando la inteligencia emocional?

 

Muchos de nosotros hemos ido aprendiendo a comprender o manejar nuestros sentimientos a través de las propias experiencias vitales o mediante la observación por modelado de nuestros padres, familiares o profesores. Sin embargo, como cualquier otra habilidad, por ejemplo, tocar el piano o aprender cálculo aritmético, la educación emocional se estructura en una serie de pasos y habilidades que van desde las básicas (i.e. percibir que un niño está enfadado), intermedias (i.e. entender o vislumbrar las razones de su enojo) y complejas (i.e. reducir la intensidad de su cólera y darle apoyo y consuelo). Además, cada emoción tiene unas causas y, por tanto, las estrategias de manejo serán distintas. Por tanto, nuestro enfoque es ir enseñando esas capacidades mediante intervenciones estructuradas y sistemáticas, que ayuden a secuenciar el aprendizaje emocional del niño y/o adolescente y adaptarlo a las diferentes edades y etapas evolutivas de nuestro desarrollo.

 

Dentro de su carrera como investigador ¿podría decirnos algún hallazgo que más le haya sorprendido con respecto a la inteligencia emocional?

Lo que más me ha sorprendido ha sido el interés despertado, no sólo ya por los investigadores en conocer más en profundidad cómo podemos explorar, medir, o desarrollar estas habilidades sino, en especial, la sensibilización o concienciación por parte de los profesionales socio-educativos de la importancia de enseñar, formar y educar estas habilidades emocionales.

Quizás los hallazgos más sorprendentes, son aquellos relacionadas con el impacto de los programas de educación emocional a lo largo del tiempo, más allá de los años de educación reglada. El equipo del profesor Mark Greenberg, ha encontrado que aquellos niños que han pasado por un programa de educación emocional tienen un 10% menos de probabilidad, comparado con un grupo control, de desarrollar adicción a sustancias o conductas psicopatológicas problemáticas a la edad de 25 años. Además, en otro estudio desarrollado por la Universidad de Columbia en EEUU sobre el impacto económico de seis programas de educación emocional y sus beneficios a largo plazo, se ha encontrado que cada inversión de un dólar supone un beneficio de 11 dólares para la sociedad, reduciendo los niveles de criminalidad juvenil en estos niños, disminuyendo los costes sanitarios y sociales por enfermedad o bajas de salud mental y por conseguir que estos niños alcancen puestos profesionales en el futuro en el que lograran mayores salarios.

Por otro lado, más que un hallazgo concreto sobre inteligencia emocional, lo que más me ha sorprendido ha sido el interés despertado, no sólo ya por los investigadores en conocer más en profundidad cómo podemos explorar, medir, o desarrollar estas habilidades sino, en especial, la sensibilización o concienciación por parte de los profesionales socio-educativos de la importancia de enseñar, formar y educar estas habilidades emocionales. Cuando empecé mi carrera investigadora en 1996, muy pocas personas estaban interesadas en estos temas, actualmente la implicación es máxima y, creo que esa actitud es el germen para que las administraciones educativas se den cuenta de la necesidad de incluir la educación emocional como una asignatura transversal inserta en los sistemas educativos reglados, desde infantil hasta la universidad.

 

Para terminar y a modo de conclusión: ¿Por qué cree que es necesario llevar a cabo unas Jornadas de educación sexual y emocional?

 

Nuestra labor como científicos sociales es investigar la importancia de estas habilidades emocionales y su impacto en el bienestar y la salud de las personas y, posteriormente, diseñar actuaciones para mejorarlas. Sin embargo, nuestro trabajo no tendría sentido sin foros como estas Jornadas para difundir lo que estamos investigando y desarrollando en la Universidad. De nada sirve nuestro trabajo como investigadores si no llega a la sociedad. Estas Jornadas es un gran foro para compartir nuestros hallazgos y conocimiento de cara a que puedan ser utilizados por los profesionales y padres que están educando a la sociedad del futuro. Por ello, os doy mi más sincera enhorabuena por el desarrollo de estas Jornadas y estoy seguro que ayudan enormemente a sensibilizar a la sociedad de la importancia de educar las habilidades socio-emocionales para mejorar el bienestar y desarrollar ciudadanos íntegros y felices.

Estas Jornadas es un gran foro para compartir nuestros hallazgos y conocimiento de cara a que puedan ser utilizados por los profesionales y padres que están educando a la sociedad del futuro

 

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