Tenemos el placer de contar para nuestras V Jornadas con la presencia de Lucia González-Mendiondo que nos ilustrará con una ponencia sobre cómo educar en la convivencia de los sexos.

Lucía González-Mendiondo (1979) nació en Madrid, donde estudió Psicología y Sexología. En 2007 se instaló en Zaragoza, donde completó su doctorado en Sociología, trabajando desde entonces como sexóloga en el ayuntamiento de Huesca. Es asimismo profesora asociada en la Universidad de Zaragoza y profesora colaboradora en distintos Máster en Sexología.

Colabora habitualmente con diversas publicaciones libertarias y es autora, entre otros artículos, de dos monografías, «La crisis de los cuidados en clave sexológica» (2005) y «El discurso contra la violencia de género. Aportaciones y limitaciones para el abordaje de la violencia en pareja» (2014), ambas publicadas en la Revista española de sexología. Recientemente ha escrito el libro «El género y los sexos. Repensar la lucha feminista” (2ª edición ampliada) », temática la cual expondrá, en parte, en nuestras jornadas.

Os dejamos, como aperitivo, esta entrevista que le hemos realizado.

El sexo no es biología ni es cultura. El sexo es biografía, nos sexuamos a lo largo de toda nuestra existencia y el resultado es un hombre o una mujer en concreto.

Lucía González Mendiondo

Buenos días, para comenzar con la entrevista, vamos a contextualizar un poco, por lo que la primera pregunta obligada es:

1.- ¿Qué es la violencia de género? ¿Es adecuado denominar de este modo a dicho fenómeno?

Después de muchas reformulaciones, hoy entendemos por violencia de género la acontecida en el seno de la pareja heterosexual, ejercida por el varón sobre la mujer y que, en principio, responde al machismo imperante en nuestra sociedad.

Personalmente, entiendo que este término no es adecuado e incluso está complicando el problema que pretendía resolver:

  • En primer lugar, porque invisibiliza otras violencias acontecidas en la pareja como la que se da en parejas homosexuales y la ejercida por la mujer contra el varón en parejas heterosexuales.
  • Por otra parte, porque reduce los conflictos de pareja, especialmente los más violentos, a una cuestión de machismo. Lo que dificulta la identificación de sus causas y las posibles soluciones. Si el machismo fuera la explicación a toda violencia en pareja, en una sociedad patriarcal y con valores machistas como la nuestra, lo extraño es que no haya más casos.
  • En tercer lugar, reduce la violencia de género al ámbito de la pareja olvidándose de otras violencias que se cometen contra las mujeres por el hecho de ser mujeres y que merecen atención: acoso laboral, agresiones sexuales fuera de la pareja, violencia institucional, etc.

2.- Es autora del libro “El género y los sexos: repensar la lucha feminista” ¿Qué podemos encontrar en él?

No sé si soy yo quien debería contestar a esta pregunta… El libro es una recopilación de textos y ponencias de los últimos años, a través de los que pretendo explicar “¿qué me pasa con el feminismo de género?” o, si lo preferís “¿por qué últimamente ese feminismo me tiene tan preocupada?”

Porque os aseguro que mis problemas con el género no son un problema con la lucha feminista, como muchas se empeñan en recriminarme, como si por cuestionar el género ya estuviera posicionándome en contra del feminismo o como si mi “misión” fuera tirar por tierra la lucha de las mujeres.

Así que este libro puede entenderse como un intento de explicar, un poco más claro, que mis discrepancias con la teoría de género son epistemológicas y no ideológicas y que mi crítica no es un intento de desacreditar la lucha feminista sino, por el contrario, de aportar ideas y reflexiones que nos ayuden a salir del callejón sin salida en el que el género, por sus propias limitaciones conceptuales y las políticas de género, por su deriva institucional y victimista, nos están metiendo.

“El sexo no es biología ni es cultura. El sexo es biografía, nos sexuamos a lo largo de toda nuestra existencia y el resultado es un hombre o una mujer en concreto.”

Lucía González

3.- ¿Hay que volver a reivindicar lo sexual/biológico que parecía olvidado por las corrientes más construccionistas?

Ese es el principal lío. Pensar que el sexo es biología frente a un género cultural. Mantener ese binomio naturaleza/cultura que se cae por su propio peso y que hace mucho tiempo que fue excluido de otras disciplinas.

El sexo no es biología ni es cultura. El sexo es biografía, nos sexuamos a lo largo de toda nuestra existencia y el resultado es un hombre o una mujer en concreto.

La separación entre biología, psique y cultura es la mayor trampa epistemológica del siglo XX y que hemos heredado en el XXI.

“Hombres y mujeres somos diferentes y no tenemos por qué dejar de serlo sino aprender a convivir. Además, cada hombre y cada mujer es diversa y es singular. La clave está en valorar la diversidad, aprender del otro/a y a comunicarnos con el otro/a y dejar de pretender que somos iguales, porque no lo somos ni tenemos por qué serlo.”

Lucía González

4.- ¿Cómo podemos educar en la convivencia de los sexos?

Educando en la diversidad. Hombres y mujeres somos diferentes y no tenemos por qué dejar de serlo sino aprender a convivir. Además, cada hombre y cada mujer es diversa y es singular. La clave está en valorar la diversidad, aprender del otro/a y a comunicarnos con el otro/a y dejar de pretender que somos iguales, porque no lo somos ni tenemos por qué serlo.

“La educación sexual, desde la sexología, es la educación de los sexos. Esto es, el acompañamiento en el desarrollo de niños y niñas como hombres y mujeres. Una intervención pedagógica basada en el conocimiento de la sexualidad como dimensión humana. Los y las sexólogas abordamos el sexo que somos, no solo ese “sexo que se hace” ni “el sexo que se tiene”.”

Lucía González

5.- ¿Qué importancia tiene la educación sexual en el siglo XXI?

La educación sexual no es la prevención de infecciones y embarazos o la higiene genital a la que nos tienen acostumbrados/as desde una visión higiénico-preventiva que reduce lo sexual a la salud sexual y reproductiva, como si los genitales fueran el sexo. Todo esto es importante, pero no es el sexo.

La educación sexual, desde la sexología, es la educación de los sexos. Esto es, el acompañamiento en el desarrollo de niños y niñas como hombres y mujeres. Una intervención pedagógica basada en el conocimiento de la sexualidad como dimensión humana. Los y las sexólogas abordamos el sexo que somos, no solo ese “sexo que se hace” ni “el sexo que se tiene”.

Dicho esto, la educación sexual sigue siendo la asignatura pendiente y ya va siendo hora de que le demos el lugar que tiene. Ante los malos rollos como un embarazo adolescente, una agresión sexual, un caso de maltrato, etc. todos y todas miramos hacia la educación buscando soluciones.

Pero, no podemos actuar solo desde la urgencia, no podemos limitar la educación sexual a decirle a la chavalería lo que debe o no debe hacer, sino que debemos ayudarles a comprenderse, aceptarse y disfrutar su erótica de manera que no tengan cabida esos malos rollos… y todo esto no se resuelve con un taller de dos o tres sesiones.

Esto requiere un lugar en la agenda educativa, una acción coordinada desde la educación infantil hasta la secundaria (por limitarme a la enseñanza obligatoria). Este es, creo, el papel que debería jugar la educación sexual en el siglo XXI.

“Creo que ese feminismo hegemónico e institucional debería pararse a escuchar las críticas de quienes lo cuestionan, entender que, si están generando malestar con sus propuestas, quizá no sea solo porque el resto somos una panda de machistas, sino porque estas propuestas podrían no ser acertadas o no serlo para todo el mundo.”

Lucía González

6.- ¿Cómo ve el movimiento feminista denominado “hegemónico” en la actualidad? ¿Hacia dónde nos dirigimos?

Punitivo, victimista y maniqueo (si lo cuestionas, eres un machista o eres de extrema derecha). Cimentado en lo políticamente correcto no deja espacio a la confrontación y el debate. Pretende ir más allá de la igualdad social entre los sexos para imponer una manera de ser y sentirse hombre/mujer… y eso no puede conducirnos a buen puerto.

El feminismo, por definición, es un movimiento antagonista y al llegar al poder está utilizando las mismas herramientas que pretendía desmantelar.

Creo que ese feminismo hegemónico e institucional debería pararse a escuchar las críticas de quienes lo cuestionan, entender que, si están generando malestar con sus propuestas, quizá no sea solo porque el resto somos una panda de machistas, sino porque estas propuestas podrían no ser acertadas o no serlo para todo el mundo.

“La sexología aporta un prisma diferente desde el que abordar la sexualidad (cualidad de ser sexuados) y las relaciones que, sin negar el machismo y la necesidad de erradicarlo, no las reduce a éste. Ofrece salidas a la trampa epistemológica en la que el género nos ha metido.”

Lucía González

7.- ¿Cuál es el papel de la Sexología en el tema de la igualdad? ¿Qué puede aportar esta disciplina?

La sexología es la disciplina que se encarga del estudio de los sexos y sus relaciones. a principios del siglo XX, feministas y sexólogos compartían mesa y episteme. La sexología aboga por la diversidad sexual y para que esta pueda vivirse es necesaria una igualdad social entre hombres y mujeres.

La irrupción del concepto de género en las teorías feministas de los años 60-70 supuso la reducción del sexo a la conducta y la genitalidad, separando lo cultual de lo biológico y reduciendo el marco de comprensión de la realidad humana.

Como estrategia para evidenciar cómo funciona el poder en las sociedades patriarcales y cómo desmantelarlo, el género es un concepto muy útil y muy potente. Pero el problema está en el poder, no en el sexo (la diferencia).

El género, con los años, ha acabado por invadir el campo epistemológico, hasta el punto en que hoy hablamos de “los géneros” en plural o de identidad de género en vez de sexual… y esto, creo, nos mete en un lío enorme del que la sexología puede ayudarnos a salir.

La sexología aporta un prisma diferente desde el que abordar la sexualidad (cualidad de ser sexuados) y las relaciones que, sin negar el machismo y la necesidad de erradicarlo, no las reduce a éste. Ofrece salidas a la trampa epistemológica en la que el género nos ha metido.

“Es importante que los/as profesionales participemos en jornadas, debatamos sobre contenidos y propuestas y nos planteemos de qué estamos hablando cuando hablamos de violencia de género y cómo abordarla.”

Lucía González

8.- Para terminar y a modo de conclusión: ¿Por qué cree que es necesario llevar a cabo unas Jornadas de prevención de la violencia de género?

Porque es lo que toca en noviembre… no, en serio, porque andamos muy perdidas/os y porque después de varias décadas de coeducación y de prevención de la violencia contra las mujeres algo sigue yendo mal (a las cifras me remito).

Es importante que los/as profesionales participemos en jornadas, debatamos sobre contenidos y propuestas y nos planteemos de qué estamos hablando cuando hablamos de violencia de género y cómo abordarla.

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