Imagen intersexual

La belleza de lo diferente. Intersexualidad

publicado en: Educación Sexual, Últimas Noticias | 0

Hasta ahora, la transexualidad estaba considerada un problema de identidad sexual, pero gracias a muchas investigaciones, los estudios sobre intersexualidad y el avance y difusión de las teorías queer han hecho comprender a esta comunidad que ser diferente no es ser un trastornado.

La intersexualidad es un fenómeno de discrepancia que se da entre el sexo cromosómico, las gónadas sexuales y los genitales. En el proceso de sexuación, desde que el ovulo es fecundado por un espermatozoide todo se va conformando a través de la configuración de la relación de los cromosomas XX (mujer) o XY (hombre). En la gran mayoría de casos esta configuración es exacta y da lugar a un hombre o una mujer con gónadas y genitales propios de sus genes. La intersexualidad tiene muchos grados de variación, dependiendo en qué momento de la sexuación se produce la discrepancia. Se trata por tanto de una minoría, que no por ello tiene que ser tratado como diferente. Dentro de esta intersexualidad se encuentra la transexualidad, pero en este caso va mucho más allá de una configuración física, puesto que se trata de personas que se configuran como hombres y mujeres de forma completa pero no se identifican como tales. Queda aún mucho por investigar sobre donde se encuentra la discrepancia, pero lo que si se ha descubierto es que una persona transexual no se hace transexual de la noche a la mañana. Muchos de ellos han contado sus vidas en libros y biografías y desde muy pequeñitos relatan los problemas que han tenido de verse como lo que en realidad ellos sentían que eran.

Las teorías Queer van muy ligadas a la intersexualidad puesto que abogan por la eliminación y/o decostrucción del género. Pero no es solo una teoría, las prácticas queer reflejan la transgresión a la hetero¬sexualidad institucionalizada que constriñe los deseos que intentan escapar de su norma.

En un principio todo esto nos puede ser complicado de entender y de asimilar, puesto que, nuestro mundo está construido en base a una bipolaridad que data desde Platón, en la que solo existen dos sexos, dos géneros posibles, como si se tratara de dos sacos donde metemos a las personas que vamos conociendo por sus características físicas. Sin embargo, el ser humano ha demostrado tener muchos matices dentro de lo físico que no podrían ser categorizados dentro de un saco u otro. Pero como inventores de todo que somos, hemos elaborado otros dos sacos más para aquellos que no son heterosexuales “puros”, los sacos de gays y lesbianas, donde toda mujer que no es femenina va al saco de las lesbianas y todo hombre amanerado al saco de los gays. Por un momento mirar a vuestro alrededor, aquella mujer con pinta de “caminonera” pueden no gustarle las mujeres, y sentirse tan mujer como las “barbies” que vemos en las revistas. No es justo para aquellas personas que no encajan en uno u otro saco y que tienen que estar continuamente explicándole al mundo lo que son, como son y lo que les gusta.
Me parece necesario invitar a la reflexión sobre estos temas ya que existe una gran desinformación sobre este tipo de temas de los cuales nos encanta opinar, y cuando se opina desde la desinformación se crean todas las falsas creencias y mitos que rodean a las personas transexuales. El primero de ellos es que “todas las personas transexuales quieren cambiarse de sexo”; eso no es totalmente cierto, si es cierto que muchos de ellos se someten a operación, pero es un proceso largo, tedioso e incluso molesto, puesto que en la gran mayoría de casos estas operaciones son realizadas para la aceptación social de los demás. El segundo, y no menos importante, es el de “todos los transexuales son homosexuales”; esto es un error garrafal, puesto que no podemos confundir la identidad sexual (ser hombre/mujer) con la orientación sexual (preferencia sexual), eso no quiere decir que un transexual pueda ser o no homosexual, que los hay, puesto que no depende de lo que eres, sino de lo que te gusta.

Para finalizar me gustaría dar la enhorabuena a todas y cada una de las personas que han contribuido a que sea posible en el siglo XIX no confundir la palabra “diferente” con “enfermo mental”. GRACIAS.

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